THE OPEN

Diseccionando el Old Course
desde dentro

Faltaban poco más de meses para la celebración del evento del año cuando la R&A me dio la oportunidad junto a otros periodistas venidos de todos los rincones del mundo de jugar el Old Course.

Mis últimos recuerdos empuñando un palo en el campo más conocido se remontan a alrededor de una década, aunque se mantenían muy frescos en mi mente y a medida que iban pasando los hoyos, se actualizaban con precisión, el campo no ha cambiado. No pasa el tiempo en el Old Course.

Quizás el instante más especial es el tee del hoyo uno, más aún si te está esperando la Jarra de Clarete, también estaba Robert, mi caddie. Siempre recomiendo jugar con caddie el Old Course, más aún si es tu primera oportunidad, añadirás un sobrecoste de unas 75 libras (55 más propina) a la experiencia que es ya de por si elevada en lo económico, pero al final del día, cuando mires tu tarjeta en el 18, lo darás por bien empleado.

No te ilusiones, el caddie no jugará golpes por ti, pero su conocimiento será clave en un campo ‘truquero’ e incluso a veces complicado de seguir, si no lo has jugado anteriormente. Tom Watson dijo una vez que “el Old Course es un campo difícil de entender. La clave para jugar bien es volver a aprenderlo, volver a aprenderlo y volver a aprenderlo “.

El recorrido comienza con un par cuatro tan sencillo como imponente, enmarcado en el pueblo, pegas el primer golpe con el Royal & Ancient a tu espalda, la calle del 1, la misma que la del 18, tendrá una anchura de unos 90 metros, aunque la tensión del momento hace que algunos de los miles de jugadores que peregrinan hasta St. Andrews sientan como estrecha y alguna bola termine rodando por las calles del pueblo.

Tee 1 del Old Course 

El día era plomizo, pero ausencia completa de lluvia y viento, ofrecían unas condiciones perfectas para disfrutar, pero dejan un tanto desvalido al ‘viejo campo’. No es un recorrido largo, hay tres pares cuatro, donde un buen jugador de golf podría tirar a green desde el tee de salida, además de los dos pares cinco donde con ausencia de viento, se podrían alcanzar en dos golpes. Tras el brutal inicio, probablemente el Old Course no te provoque un amor a primera vista, se suceden golpes ciegos, greenes compartidos, algún hoyo se cruza. Cuentan que la primera vez que Sam Snead viajó hasta Escocia no lo podía creer, “es un campo abandonado” repetía a sus allegados, arrepintiéndose del largo viaje. 

Con el tiempo y la experiencia, Snead reconocería que el Old Course se convirtió en su campo favorito en el mundo. “Si quitaras todas mis experiencias que he vivido excepto las sucedidas en St. Andrews, mi vida seguiría siendo completa”, Bobby Jones pronunció estas palabras tras su última ronda en el Old Course. Como veis, es un campo que termina enamorando.

¿Quieres jugar en el Old Course? Cumplimos tu sueño..

La experiencia continuó entre los profundos bunkers y las rugosas calles del links más famoso del mundo. Dos de mis compañeros, de la televisión japonesa, no perdían nunca la sonrisa pese al sufrimiento de toparse con los profundos bunkers y perder gran cantidad de bolas en los arbustos. Son de la televisión nipona Asahi y han viajado solo para jugar el campo que albergará la 150 edición del Open.

El mejor par 4 del mundo

Llegando al 17, confirmo que para mí es el mejor par 4 del mundo. “La razón por la que el que el Road Hole es el para 4 más difícil del mundo es que fue diseñado como un par 6”, siguiendo al pie de la lera la frase del gran Ben Crenshaw me fui con un par de ese hoyo, aún habiendo pegado uno de los mejores golpes del día. La salida ya te exige sobrevolar el Old Course Hotel, mi bola no salió lo suficiente a la derecha y terminé en el rough de festuca de la izquierda a unos 205 metros de la bandera, un green cruzado y tan estrecho que da vértigo, con la carretera al fondo y el bunker del infierno justo en la línea de mi hibrido.

El golpe salió perfecto, por la derecha y con un precioso draw que pensé sortearía justo el bunker, dibujando la línea hasta la bandera, en eso no me equivocaría, pero no contaba con la dureza del green, donde la bola botó con fuerza terminando en la carretera de asfalto.

El resto fue un despropósito hasta terminar con un seis, que en los estándares de Crenshaw debía dejarme satisfecho. Lo dicho, el mejor par 4 del mundo. El 18 es un delicioso paseo final, para despedirte del pueblo, cruzar el Swilcan Bridge y si la cosa va bien, recibir la ovación de los lugareños que pasean por el pueblo. 

Os dejo mi salida en el Tee del 1 de Old Course, una experiencia única que podéis cumplir con Lowgolf.

Hugo Costa

Hugo Costa

A estas alturas de la vida estoy orgulloso de haber juntado tres de mis pasiones, el golf, la comunicación y los viajes. El fruto de este bendito cóctel se llama Lowgolf y desde aquí vamos a ayudaros a que vuestros sueños se conviertan en realidad.

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